Viernes 13 de marzo de 2020 | Praga

Estatua de Kafka en Praga

Estatua de Kafka en Praga

A punto de cumplirse un siglo desde su fallecimiento, Praga está plagada de referencias sobre Franz Kafka, uno de los escritores que mejor supo plasmar la compleja esencia de la ciudad que le vio nacer. Hoy vamos a hablar un poco de la vida de este autor tan enigmático y de la estatua que se erigió en la capital checa para rendirle homenaje. ¡Empezamos!

 

Kafka, la fama póstuma

Por desgracia, Franz Kafka nunca disfrutó en vida de la fama que hoy evoca su nombre. Es más, durante décadas, tanto él como su obra pasaron desapercibidos para el gran público, cubiertos por un pesado manto de indiferencia y, en el caso de su obra, cuando no directamente de censura.

Los motivos para semejante amnesia son múltiples. Por ejemplo, la propia naturaleza de sus textos: a menudo se hace hincapié en su carácter críptico, metafísico, de una profundidad no siempre fácil de comprender. Por otra parte, sus orígenes sociales –judío y burgués– pusieron sus escritos en la lista negra de nazis y comunistas por igual.

Por si fuera poco, haber escrito en alemán no le supuso ninguna ventaja, pues los avatares del conflicto checo-germano durante el siglo XX dejaron su herida incluso en el plano cultural de la nación.

Afortunadamente, a pesar de las décadas de retraso, Praga ha sabido reconocer el genio de uno de sus más insignes hijos. En 2003, el alcalde descubría una escultura en su honor junto a la sinagoga Española, justo donde confluyen el Barrio Judío y la Ciudad Vieja.

La elección del lugar no fue casual. Además de simbolizar el cosmopolitismo propio del antiguo imperio Austrohúngaro, también resulta especialmente apropiada por haber sido el lugar donde Kafka residió durante varios años, concretamente en el número 27 de la calle Dusní.

 

La estatua de Kafka, de Jaroslav Róna

Más allá de la justicia histórica para con Kafka, lo cierto es que el monumento se ha convertido en una verdadera atracción para miles de visitantes. A pesar de sus setecientos kilos de bronce y sus casi cuatro metros de altura, no son el peso ni las dimensiones los que provoca tal popularidad. La razón del magnetismo esta escultura se halla en su propia extrañeza kafkiana.

Sentado sobre los hombros de un enorme traje vacío, el propio Kafka señala al horizonte, indicando a su montura la dirección a seguir. Como es habitual en los textos del autor, esta enigmática composición se presta a múltiples interpretaciones.

Quizá la más popular es aquella que afirma que está inspirada en Descripción de una lucha, un relato corto publicado en 1903. El tema central de la obra gira en torno a la idea del hombre angustiado frente al absurdo que le rodea. Otros, en cambio, opinan que el monstruo simboliza al propio padre del autor, un hombre severo cuya tortuosa relación con su hijo es un leitmotiv en la obra de Kafka.

En el suelo, bajo los pies de la propia estatua, un mosaico de piedra negra extiende sus patas insectoides en todas direcciones. Con este detalle, Jaroslav Róna hace un guiño a la obra más conocida de Franz Kafka, Metamorfosis, un texto que figura por méritos propios entre las obras cumbres de la literatura universal. Una lectura, además, cuya reflexión acerca de los temores a los cambios traumáticos sigue tan presente ahora como en la Praga de Kafka.

 

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Etiquetas: esculturas , Praga

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