Miércoles 13 de noviembre de 2019 | Praga

Viselec, la escultura del hombre colgado en Praga.

El hombre colgando ha sido una de las esculturas más controvertidas de David Cerný.

Viselec, la escultura del hombre colgado en Praga.

Diciembre de 2007, Míchigan. Varias personas alertan a policía y bomberos sobre una emergencia. Los informantes aseguran que están viendo desde sus casas a un hombre que se quiere suicidar; se aferra como puede a una viga, pero su vida pende literalmente de una mano. Rápidamente acuden los equipos de emergencias solo para constatar que no se trata más que de una confusión: allí no hay ningún hombre dispuesto a acabar con su vida, solamente una escultura a tamaño natural atornillada a un saliente a decenas de metros de altura. Increíble pero cierto.


Esta historia puede parecer absurda, surrealista, y sin embargo encaja a la perfección con la naturaleza provocativa del escultor checo David Cerný. En 1996 este icono de la cultura pop daba a conocer a Viselec (en castellano Colgado), una obra que le reportaría fama mundial al ser expuesta en varias ciudades.


Realizada enteramente en metal, se compone de una viga a la cual se aferra con un solo brazo el doctor Sigmund Freud, conocido como “el padre del psicoanálisis”. La elección del personaje no es casual, pues además de haber nacido en Moravia –actualmente parte de Chequia–, David Cerný expresó una vez que su imagen “simbolizaba el rostro intelectual del siglo XX”. Este detalle es lo que conecta a Viselec con la esencia del mensaje que pretende trasmitir. Es a través de la tortuosa existencia de Freud como podemos comprender en última instancia el significado de Viselec.


Es cierto que Sigmund Freud consiguió dar un enfoque revolucionario a la entonces incipiente Psicología. Sus teorías influyeron en multitud de campos y a lo largo de su vida contó tanto con admiradores como detractores. Lo que mucha gente ignora es el hecho de que también padeció varias enfermedades psicosomáticas y fobias, como un terror absoluto ante la idea de agonizar en su lecho de muerte. A la edad de 83 años, muy enfermo de cáncer, Freud recurrió a su médico personal –su viejo amigo Max Schur– para que lo ayudara a morir mediante tres dosis letales de morfina.


David ?erný se sirve de esta analogía para señalar su frustración e incertidumbre ante el papel que desempeñará la intelectualidad en el nuevo milenio.
Actualmente podemos contemplar a Viselec en la propia Praga, colgando de una casa en la calle Husova, atento a los cientos de turistas que caminan cada día bajo su acongojada figura.

Etiquetas: David Cerny , Praga

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